desde 1945
Lo que es ahora un lugar placentero de encuentro para amantes de la gastronomía, tiene a sus espaldas siete décadas de historia y ha estado capitaneado por tres generaciones de la misma familia en el último siglo. Un bagaje que avala su saber hacer en los fogones y que ha sobrevivido a las hieles de la historia gracias a un trato a su clientela tan exquisito como humano.
Es en 1945 cuando Miguel Arroyo y Brígida García dieron vida a este proyecto sin saber entonces que, su en principio humilde empresa, se convertiría en un legado que les sobreviviría muchos años.
Los años 40 fueron tiempos de carestía, España estaba inmersa en una profunda crisis económica que se prolongó lustros. Todo escaseaba y los ciudadanos vivían en durísimas condiciones. En aquel momento, justo donde hoy puedes degustar un vino o tu cerveza preferida se podían encontrar los bidones surtidores de aceite, el vino a granel que recuerdan nuestros abuelos o la entonces preciadísima sal.
Ya en la década de los 70, José (hijo de los pioneros Miguel y Brígida) viajaba constantemente a San Sebastián junto a la que es hoy su mujer, Adela, y su hermano Julián. La motivación de estos constantes periplos al País Vasco era conocer cada vez más en profundidad la manera de cocinar de nuestros vecinos del norte. Su observación y degustación le reportó un beneficioso aprendizaje. José decidió ponerse manos a la obra y acercar al pueblo burgalés las bondades de la cocina vasca.
El éxito entonces no se hizo esperar y miles de visitantes pasaron durante años por un local que supo mantener la esencia de la cocina de producto, elaborada con esmero y destreza.
En el año 2000 abre la tienda contigua al local bajo el nombre de Adela. Un pequeño ultramarino que hace las delicias de vecinos y foráneos, poniendo a disposición del cliente todo lo esencial, con la comodidad de una tienda pequeña, ajena a las formas impersonales de las grandes superficies y con el valor añadido de un trato personal y exclusivo. Y así, mano a mano, con esfuerzo y dedicación, José y Adela se convirtieron en una orgullosa segunda generación del proyecto que iniciaran allá por 1945 Miguel y Brígida.
No dejaron el timón del barco hasta 2014, año en el que llegó el momento de ceder el testigo generacional a José y Vanesa, los hijos de ambos, quienes llevan en su ADN la hostelería y la crónica de este rincón que guarda entre sus paredes un pedazo de la historia de Villagonzalo.